Antártida y océanos australes | Fundación Vida Silvestre Argentina

Antártida y océanos australes



Ecosistemas únicos

La Antártida es una de las mayores y más valiosas regiones naturales del mundo; también, una de las más vulnerables. Este continente, excepcionalmente salvaje y hermoso, es también la región menos poblada y menos contaminada del mundo. Su ecología e historia natural hacen de la Antártida -tierra y mar- un sistema natural único.
El extremo sur de América del Sur está a solo 1.000km de distancia de la Antártida haciéndolo el continente más cercano. La cordillera de los Andes se hunde en el océano para reaparecer en una serie de islas que forman el Arco de Escocia y, finalmente, emergen formando la Península Antártica. Las especies de flora y fauna de ambos continentes mantienen relaciones biológicas y ecológicas directas e indirectas con los océanos australes que rodean al continente, así como con el Atlántico Sud Occidental que baña las costas de Argentina, y con los océanos Índico y Pacífico Sur. Así, los efectos de las acciones humanas sobre Antártida repercuten en el estado de conservación y salud de los ecosistemas terrestres y marinos de nuestro país y del mundo.

Los océanos australes rodean por completo al continente antártico, y se extienden desde sus costas hacia el norte hasta la llamada Convergencia Antártica, un límite ecológico que lo rodea por completo y donde las aguas frías antárticas que fluyen hacia el norte se hunden bajo las aguas subantárticas, comparativamente menos frías pues fluyen desde latitudes más cálidas. Generadas así las condiciones, las características y relaciones ecológicas que mantienen los ecosistemas marinos antárticos y subantárticos son únicas y suman valor y complejidad a los océanos australes, ya de por sí invaluables por sus especies nativas.

Gran variedad de especies

Sus 113 millones de km2, mar y tierra antárticos, dan vida a un gran número de especies de flora y fauna. Algunas de las especies antárticas solo se encuentran allí - son endémicas- como el pingüino Emperador o la foca de Weddell, ésta con presencia ocasional en los mares de Argentina y Australia. Sin embargo la mayoría son migratorias: llegan a la Antártida para reproducirse y alimentar a sus crías durante el verano abandonando el continente al final de la estación. Albatros, petreles, pingüinos, cormoranes, skuas, palomas antárticas, gaviotines, lobos y elefantes marinos se congregan en coloniasó en solitario, pero cerca de las zonas costeras.

Otras especies como las ballenas barbadas y las orcas llegan a aguas antárticas para alimentarse pero se reproducen en aguas más cálidas También la foca leopardo, aunque hay poblaciones estables en algunas islas subantárticas.

Pero también las especies menos carismáticas proporcionan valores irremplazables para el ecosistema marino. Todas las especies se relacionan entre sí en una trama trófica en cuyo centro se encuentra el krill, un pequeño crustáceo pelágico que es fuente de alimento de ballenas, aves voladoras y no voladoras (pingüinos), focas, lobos marinos, calamares y peces.

Principales amenazas

Sin embargo, ya no es una región prístina. Las actividades humanas como el turismo y la sobrepesca, y los cambios globales como el cambio climático y la acidificación de los océanos, están amenazando y en ciertos lugares claramente afectando los sistemas naturales antárticos.

A medida que aumentan los efectos del cambio climático y que las nuevas tecnologías permiten el mayor uso de los recursos pesqueros y la penetración humana hacia el corazón del continente, también aumenta la necesidad de contar con mejores medidas de protección y manejo adaptativo que consideren tanto las condiciones ambientales como de uso manteniendo una aproximación precautoria. Es decir, ante la ausencia de certeza científica sobre las consecuencias de una acción, adoptar medidas que se inclinen hacia la conservación de los valores a proteger. 

La singular belleza de la región atrae a la industria turística mundial, cuyas visitas se concentran en pocos sitios y durante el verano, coincidiendo con la época de mayor actividad biológica de las especies de flora y fauna. Esto causa un impacto que provoca huellas ambientales que se acumulan a través del tiempo. Asimismo, la pesca no sostenible ha empujado a especies como el pez de hielo al colapso y presiona fuertemente a las poblaciones de krill y otras especies de peces comerciales como la merluza negra.

El cambio climático y la acidificación de los océanos aumentan la incertidumbre sobre el riesgo de los efectos conjuntos y acumulados dejando una fuerte incógnita acerca de los impactos posibles sobre las especies que se alimentan de krill y poniendo al ecosistema marino entero en riesgo. A este factor se suma el hecho que los océanos se han convertido en verdaderos basureros. Cada año miles de animales ingieren o se atascan en plásticos descartados, redes de pesca y anzuelos causando un significativo número de muertes; sin contar los niveles crecientes de contaminación por químicos de todo tipo (desde hidrocarburos producto de derrames y fugas hasta productos ignífugos utilizados en las bases de todos los países).

Pero las mayores amenazas de la región a mediano y largo plazo son los ya mencionados cambio climático y la acidificación del océano con sus conocidos impactos: derretimiento de barreras de hielo y glaciares, aumento de la temperatura de los océanos y estratificación, cambio de circulación de las corrientes e ingreso de nutrientes, contenido de oxígeno y pH.

Durante los últimos 50 años, la parte occidental de la Península Antártica registró un aumento de la temperatura cuatro veces superior al promedio del resto del planeta (IPCC, 2007). En tal sentido, los océanos australes registran un aumento de la temperatura a profundidades de 3.000m (Jacobs, 2006). El hielo marino (aquel que se forma a partir de agua de mar y le confiere características especiales a los océanos polares) cubre una superficie un 40% menor que la que cubría hace 26 años. El informe “2C en pingüinos antárticos” indica que un aumento de tan solo 2°C de la temperatura media global, con respecto a los niveles pre-industriales, producirá una dramática reducción en la población de colonias de los pingüinos emperador (una reducción del 50%) y de pingüinos Adelia (una reducción cercana al 75%).

Entre los efectos más importantes del cambio climático observados en Antártida, se encuentran modificaciones en la temperatura y acidificación del agua del mar que afecta los caparazones carbonados de bivalvos, y deshielo marino del 10 al 15% y del 30% en algunas áreas, reduciendo de esta manera los recursos de algunas especies dependientes del hielo, como el krill, que constituye la base de la cadena alimentaria de muchas especies de los océanos australes, y se alimenta del fitoplancton que se cría bajo las capas de hielo.

En los escenarios actuales de cambio y de incertidumbre, para lograr la protección y la conservación de la Antártida a corto, mediano y largo plazo, es crucial que los procesos internacionales y nacionales de gobierno acorten los tiempos de toma de decisiones para obtener las medidas y reglamentaciones adecuadas.

Sistema del Tratado Antártico

Desde hace 50 años la Antártida se encuentra protegida por el Tratado Antártico (TA), un acuerdo internacional de características únicas, que debe ser tenido en cuenta como ejemplo para el resto del mundo. Su creación en 1959, “con el fin de asegurar la paz y la ciencia en la Antártida”, ha servido para protegerla de conflictos políticos internacionales y así conservar este -aún hoy- desconocido continente.

Su creación ha servido para proteger al continente blanco de conflictos políticos internacionales y, en consecuencia, conservar la aún desconocida región. Los 48 países firmantes del Tratado Antártico se han comprometido a cumplir con las regulaciones establecidas y a bregar por la conservación y protección del continente y sus valores. Veintiocho de estos países, incluida la Argentina, son Partes Consultivas, mientras que las restantes veinte Partes no Consultivas son invitadas a asistir a las reuniones si bien no participan en la toma de decisiones.

El Protocolo al Tratado Antártico sobre protección del medio ambiente prohíbe la actividad minera, establece estrictas limitaciones sobre contaminación y eliminación de desechos, estipula medidas de protección de la flora y la fauna mediante Zonas Antárticas Especialmente Protegidas y Administradas, y establece la protección y el manejo de áreas terrestres y marinas, principalmente costeras.

El Tratado Antártico dio lugar al establecimiento de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) con el fin de preservar las aguas que rodean al Continente. A fin de llevar a efecto los objetivos y principios establecidos, debe -entre otros- facilitar investigaciones y estudios, compilar datos sobre el estado y los cambios de poblaciones, asegurar la adquisición de datos estadísticos de captura y esfuerzos, determinar las necesidades de conservación, y formular, adoptar y revisar medidas en este sentido.

Qué hace Vida Silvestre

En Vida Silvestre trabajamos en la conservación y el manejo racional de los recursos naturales antárticos promoviendo la creación de áreas marinas protegidas en hábitats vulnerables y la incorporación de los efectos de cambio climático en los mecanismos de manejo adaptativo y de evaluación de la gestión de la pesquería de krill.

Para ello trabajamos con ONG, científicos, técnicos y representantes de gobiernos promocionando los valores de los ecosistemas marinos antárticos y proponiendo la incorporación de propuestas de conservación y manejo adaptativo, que consideren el efecto de los cambios globales como el Cambio Climático y la acidificación de los océanos.

También participamos de las reuniones de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), de la Reunión Consultiva del Tratado Antártico y de otras instancias científicas y políticas que conforman el Sistema del Tratado Antártico junto con la Iniciativa para los Océanos Australes de WWF. 
 
	© Hielo marino, Antártida
Wim van Passel / WWF-Canon
© Hielo marino, Antártida
 
 
	© Colonia de pingüinos emperadores en el Glaciar Dawson-Lambton, Antártida.
© Fritz Pölking / WWF
© Colonia de pingüinos emperadores en el Glaciar Dawson-Lambton, Antártida.
 
	© Ballena jorobada en el Pasaje de Drake, Antártida
Wim van Passel WWF-Canon
© Ballena jorobada en el Pasaje de Drake, Antártida
 
	© Foca de Weddell en Isla Decepción, Antártida
Wim van Passel / WWF-Canon
© Foca de Weddell en Isla Decepción, Antártida
 
	© Sylvia RUBLI  WWF
Antártida
© Sylvia RUBLI WWF
 

















 
	© El krill constituye la base de la cadena alimentaria de muchas especies de los océanos australes
naturepl.com / Ingo Arndt / WWF-Canon
© El krill constituye la base de la cadena alimentaria de muchas especies de los océanos australes
 



























 
	© Vida Silvestre participa de las reuniones de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA)
© Vida Silvestre participa de las reuniones de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA)