Una de las estrategias centrales para reducir el consumo innecesario de energía es el impulso de una política de eficiencia energética.
La eficiencia energética es el conjunto de acciones que tienen como objetivo el empleo de menores cantidades de energía para la obtención de un servicio energético como, por ejemplo, climatización, transporte, conservación de alimentos e iluminación. Podemos clasificarlas en:
- Empleo de tecnologías eficientes (apagado y/o encendido automático de luces, por ejemplo).
- Diseño óptimo y buenas prácticas en la operación y mantenimiento de las instalaciones energéticas.
- Cambios de actitudes a partir de la concientización y la educación, que conduzcan a emplear la energía más apropiadamente y no a derrocharla.
¡Los beneficios son muchos!
Al hacer uso eficiente de la energía, ayudamos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero -principal causa del calentamiento global-, protegemos nuestros recursos no renovables, favorecemos que los servicios energéticos se brinden a un menor costo y, de esta manera, cuidamos nuestro bolsillo.


