Delfines franciscanas, cada uno cuenta



Publicado: 16 February 2016
Hernán Coria
© Franciscana en Santa Teresita
La franciscana, o delfín del Plata, es uno de los delfines más pequeños del mundo: mide entre 1.30 y 1.70 m de largo. Su piel, de tonos marrones, que recuerda al hábito de los monjes franciscanos, por lo que recibe ese nombre común.

Únicamente se lo encuentra en Argentina, Uruguay y Brasil. En nuestro país vive principalmente en las costas de la provincia de Buenos Aires, donde es muy probable que existan menos de 30.000 individuos. La franciscana en una especie vulnerable a la extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). A este estado se llegó luego de que por años unos 500 a 800 delfines fuesen capturados anualmente en las redes agalleras de los pescadores de la Provincia de Buenos Aires. 

El potencial de recuperación de esta especie es muy bajo: las hembras a los 2 o 3 años tienen una única cría que queda a su cuidado por uno o dos años. Además, la Franciscana, como otros delfines, no puede permanecer mucho tiempo fuera del agua. Tiene una piel muy gruesa y grasosa que le proporciona calor, por lo que la intemperie rápidamente le provoca deshidratación y la muerte. 

Recientemente se difundieron fotos tomadas en Santa Teresita, provincia de Buenos Aires, donde se ve a un grupo de personas sosteniendo franciscanas fuera del agua en dos oportunidades. Al menos uno de esos animales murió. Por eso, la ocasión sirve para informar a la población sobre la necesidad urgente de devolver a estos delfines al mar ante el encuentro con uno en la orilla. Es fundamental que las personas ayuden al rescate de estos animales, porque cada franciscana cuenta. 

Al ser una especie prioritaria para Vida Silvestre, hace más de 10 años trabajamos junto a diferentes instituciones como AquaMarina en la protección de estos animales. Así. hemos recabado información biológica fundamental para conocerlos mejor. De esta forma se encontró cómo hacer para estos animales eviten las redes agalleras. Ahora, es necesario que los pescadores y otros miembros de la comunidad colaboren cada uno en lo que pueda para que podamos conservarlos.


Fuente original: InfoZona y El Recado
Hernán Coria
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