Una Huella que alerta | Fundación Vida Silvestre Argentina

Una Huella que alerta



Publicado: 13 November 2011
© Una Huella que alerta - Revista del Diario La Nación 13 de Noviembre de 2011
Noticia publicada en la Revista del Diario La Nación el 13 de Noviembre de 2011.

El dato intimida: para 2030 se precisarán dos planetas para absorber el dióxido de carbono que liberamos. Conscientes del tema, las bodegas eco friendly ya comenzaron a medir la marca que dejan en el medio ambiente
Por Silvina Beccar Varela  

Sabemos que el planeta está en peligro. La tierra se desangra por las heridas causadas por la actividad humana. En general, no hacemos mucho al respecto. Hasta que alguien reacciona y actúa. Entonces claro, algo puede cambiar. Podemos transformarnos y hacernos cargo de cuidar a la madre que nos da vida y alimento. Es justo, necesario y urgente, porque los datos resultan escalofriantes. Según el Informe Planeta Vivo 2010 de la WWF (la Organización Mundial de la Conservación), difundido el año pasado por la Fundación Vida Silvestre, la huella ecológica -el indicador que mide la demanda de la humanidad sobre los recursos naturales- excedió en un 50 por ciento la capacidad de la tierra de reponer los recursos consumidos y absorber desechos, como el CO2, producidos por la actividad humana. Esto se debe, principalmente, a la huella de carbono que aumentó 11 veces desde 1961 y más de la tercera parte desde 1998. Así, las personas utilizaron el equivalente a 1,5 planetas en 2007 (últimos datos disponibles) para sostener sus actividades. Se estima que para 2030 la humanidad necesitará la capacidad de 2 planetas para absorber los desechos de CO2 y mantener el consumo de recursos naturales.

Por todas estas razones, algunas industrias de alimentos, conservas, bebidas (gaseosa, vinos y agua mineral), golosinas, cartón, cajas y separadores, soja sustentable y combustible, comenzaron a medir la huella que trazaban en el medio ambiente para conocerla y luego mitigarla. En esta nota, presentamos el caso de las bodegas.

Marcas indelebles

La huella de carbono es un indicador que mide la cantidad de CO2 (dióxido de carbono) producida por una organización, una persona o un producto, y su consecuente contribución al cambio climático. Para su determinación se utilizan herramientas de gestión ambiental que traducen los impactos de las actividades que producen un bien o un servicio en cantidades de CO2, permitiendo a la empresa la posibilidad de minimizar, quitar o neutralizar el efecto que esta cantidad de CO2 aporte al cambio climático global.

"Se trata de una herramienta de gestión ambiental que traduce impactos y emisiones provocados por los diferentes procesos de una organización, en cantidad de CO2, para conocer, por un lado, el aporte de la empresa al cambio climático, y por otro, diseñar un programa de mejoras sobre la base de buenas prácticas ambientales para reducir o neutralizar las emisiones de gases de efecto invernadero, calculadas como cantidad de CO2 equivalente", explica el ingeniero Andrés Arena, director de Operaciones de Bodegas Salentein.

Los gases del efecto invernadero (GEI) son aquellos que, al aumentar su concentración en la atmósfera, logran mayor grado de absorción de radiación infrarroja, provocando una tendencia a aumentar la temperatura global, fenómeno conocido comúnmente como cambio climático.

En América del sur, el proceso fue liderado por Chile, con bodegas como De Martino. En la Argentina, Salentein trabaja en el llamado ciclo de vida del producto, desde su nacimiento hasta su consumo, para lograr así la certificación completa de la huella de carbono en todo el proceso de producción del vino por un organismo de reconocimiento internacional (Carbon Trust). Norton está en camino de certificación y Bodega Renacer certificó el proceso de entrega del vino con Carbon Neutral.

Sí, en cambio, son muchas más las que se ocupan de la sustentabilidad en general (Zuccardi, Trapiche, Navarro Correas, Luigi Bosca, Catena, López, entre otras grandes empresas). En otro escalón entrarían los casos de biodinamia y agricultura orgánica como Colomé y Familia Cecchin, entre otros.

En cualquier caso, la industria del vino, sostienen los expertos, es una de las menos contaminantes del planeta.

La mayor sensibilidad con estos temas comenzó en los lugares más poblados como Europa, vaya paradoja, ya que mientras los países desarrollados toman conciencia e invierten en la conservación de sus recursos naturales, las naciones en desarrollo se ven en la necesidad de aprovecharlos al límite de su capacidad para alimentar, mayormente, a las grandes potencias.

Estas son, especialmente, las que deberían tener la voz cantante y dejar de presionar a la tierra, en especial, con la utilización de combustibles fósiles.

Ahora bien, ¿cómo se mide la huella de carbono?

Hay consultores de orden internacional que brindan el servicio de medición, como Alex Steward y Green Solutions. Existen también compañías de distintos rubros que, movilizadas por las tendencias mundiales -conciencia ambiental, responsabilidad social empresaria sumado a los requerimientos internacionales-, implementaron modelos de gestión para mejorar eficiencias operativas y ahorrar dinero y energía, generar nuevos negocios, satisfacer los pedidos de los clientes y profundizar una política empresaria sustentable.

"Un camino metodológico para establecer la huella de carbono plantea las siguientes etapas -dice Luis Steindl, gerente de operaciones de Bodegas Norton-: desarrollar los ecobalances (medición de los gases de efecto invernadero) de lo que desea medir, producto o procesos; definir el ciclo de vida o alcance de la medición; realizar análisis y validación de datos; calcular las cantidades de CO2."


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