Es momento de decir basta | Fundación Vida Silvestre Argentina

Es momento de decir basta



Publicado: 16 January 2018   |  
La Hora del Planeta en Buenos Aires
© La Hora del Planeta en Buenos Aires
Esta nota apareció en el número 140 de la Revista Vida Silvestre. 
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A mediados de 1980 se produjo un cambio de paradigma con respecto a las acciones para defender al ambiente. En ese momento se reemplazaron los libros de ecología por los de economía ecológica y fundamentalmente, aquellos que se enfocaban en el cambio de pautas de consumo.

El ciudadano comenzó a tener protagonismo con acciones concretas que podía realizar a favor del entorno: reutilizar, reciclar y no consumir eran las reglas. Entre los muchos títulos publicados en aquel entonces uno de los mejores fue "¿Cuándo diremos basta?" del autor estadounidense Alan Durning. Pero más de treinta años después todavía no hemos dicho basta.

Estamos transitando el camino pasando de largo un semáforo en rojo que indica que para producir y consumir a este ritmo necesitamos 1.6 planetas Tierra. Por eso, urge tener normas más rígidas y hacer cumplir de forma fehaciente la responsabilidad social empresaria en todas sus variantes. Es cierto que el primer impacto es el educativo y el de la reflexión. Por eso, un ejercicio que realizamos en los talleres de educación ambiental propone al participante que piense en algún objeto que no tenga absolutamente nada que ver con la naturaleza. De forma rápida y lógica nos damos cuenta de que todo lo que pensemos tiene un origen "natural". Nace, entonces, un segundo concepto que es obvio pero que no tenemos internalizado: las personas son también naturaleza.

Los humanos hemos creado nuestro entorno en apariencia aislado de la naturaleza, lo que lleva a muchos a considerarla solo como "un recurso", como un aspecto más de sus hábitos de consumo. Vivimos en una sociedad que ha olvidado su pertenencia al mundo natural que nos sustenta y esto es un grave problema a resolver porque nuestra supervivencia como especie depende de reconocernos como parte de ella. 

NOMBRE PROPIO

Ahora bien, ¿qué significa la palabra consumo? La Real Academia Española puede darnos alguna pista: consumo es un gasto de aquellas cosas que con el uso se extinguen o destruyen (la naturaleza entra perfectamente en esa categoría). Bajo esta sencilla descripción se dejan entrever complicados procesos de producción, distribución, uso y eliminación de los elementos destruidos. Estos procesos los hacemos de tal manera que ese sustantivo llega a dar nombre a nuestro entorno sociocultural actual: "sociedad de consumo".

Pensando en una línea de tiempo, nuestra historia ¿evolutiva? sería la siguiente: durante siglos fuimos una sociedad de autoabastecimiento netamente rural, donde cada miembro producía casi todo lo que necesitaba, con un intercambio de servicios de índole familiar. Es decir: productor y consumidor eran la misma persona y se producía en función de las necesidades respetando los ciclos naturales de reciclaje de materias.

Con el paso a sociedades comerciales, surgió un nuevo elemento en la cadena producción/consumo: el mercado. El mercader nace como la persona intermediaria entre el productor y el comprador y los ciclos de producción y consumo se amplían considerablemente (como se ve en la ruta de la seda o en la ruta de las especias). En este proceso la utilización humana de muchos recursos esenciales y la generación de variados tipos de contaminantes han sobrepasado las tasas que son físicamente sostenibles. Por lo tanto, si no se reducen de forma drástica los flujos de materiales y de uso de energía, se presume que en las décadas futuras escaseará el alimento. Así de contundente.

El consumismo hace referencia a la adquisición desmedida de bienes y servicios, fenómeno que impacta en los recursos naturales, económicos y subjetivos, a la par que permite equiparar consumo con bienestar y felicidad global. Este modo de consumir comienza a desplegar sus raíces en el siglo XX, como consecuencia directa del capitalismo y de la mercadotecnia, cuyo real objetivo reside en crear nuevas necesidades en el consumidor, aumentando la demanda y con ellas las ventas.

"Todo en exceso es negativo, desde comer un chocolate hasta estudiar demasiado", me decía una amiga hace poco. Con el consumo sucede lo mismo. Es probable que comprar todo lo que podamos (y a veces más sin considerar nuestra economía) nos de cierto placer pero... ¿nos hace felices? Psicológica y culturalmente confundimos el placer con la felicidad, el deseo con el amor, la ansiedad con el hambre. 

Tal vez es el momento de redefinirnos y reeducarnos en varios aspectos, si queremos sobrevivir. Vivimos en una "sociedad de consumo" en la que es frecuente toparnos con una suerte de adicción a la compra de productos que parecieran garantizarnos felicidad. Si pensamos en serio y no como una frase vacía de contenido esto del "desarrollo sustentable para las nuevas generaciones" deberíamos utilizar nuestras limitadas capacidades intelectuales en lugar de nuestros limitados recursos naturales.

Podremos alejarnos del consumismo para pasar a un consumo responsable pensando en las personas y el ambiente. Los indicadores de cambio son tanto cualitativos como cuantitativos: los primeros consideran utilizar productos que generen el menor impacto ambiental posible y tengan en cuenta las condiciones humanas de su producción; en lo cuantitativo, se trata de reducir y ajustar a lo realmente necesario nuestros niveles de consumo, en la línea de una filosofía de vida menos derrochadora y más solidaria. Por ahora, parece que vamos en sentido contrario.
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