Covid-19: a un año de una advertencia ambiental incuestionable



Publicado: 18 March 2021
Foto de Anna Shvets en Pexels
© Foto de Anna Shvets en Pexels

Por Manuel Jaramillo, Director General de Fundación Vida Silvestre Argentina

A medida que el mundo y nuestro país trabajan para superar las dificultades provocadas por la pandemia, nos encontramos también ante una oportunidad para impulsar un cambio transformador hacia una sociedad más equitativa que camine hacia la sostenibilidad, que reconozca que el bienestar humano es posible solamente con un planeta sano.

La evidencia que provoca la destrucción de la naturaleza y el impacto que tiene en nuestro bienestar, la economía y la salud nunca ha sido más fuerte. Todo en este planeta está conectado, las personas dependemos de la naturaleza más de lo que la naturaleza depende de nosotros.

La “nueva normalidad” no puede ser solamente la digitalización de la sociedad con el trabajo remoto, videollamadas, reformulación de oficinas, educación virtual, modalidades híbridas, hogares convertidos en oficinas, entre otros. El error más grande que podemos cometer es pensar que la recuperación del Covid-19 es volver a nuestros hábitos de siempre. A pesar de la menor actividad industrial, la reducción de uso de transporte público y privado, y el aislamiento social, 2020 fue el año más cálido desde que hay registros, junto a 2016. Esta temperatura récord, que es una medida de la energía en el sistema atmosférico (1,25 ° C más alta que en el período preindustrial 1850 a 1900), es el combustible para que las olas de calor sean cada vez más intensas, haya más sequías, incendios forestales más fuertes y otros desastres ambientales.

Es indispensable que busquemos alternativas sustentables que nos permitan compatibilizar la producción con la conservación de nuestros ambientes naturales, valorar sus servicios y transformar nuestras economías y sistemas financieros por unos que estén orientados a utilizar, conservar y restaurar de manera sostenible el mundo natural. Existen posibilidades de satisfacer las necesidades económicas y las expectativas de crecimiento y, a la vez, garantizar que nuestros recursos naturales estén disponibles para nosotros y para las generaciones futuras.

Diferentes estudios nos están alertando, hace décadas, que nuestra forma de consumir y producir está destruyendo la naturaleza a un ritmo mucho más rápido de lo que puede recuperarse. La Argentina ha presentado una nueva Contribución Nacional Determinada al cumplimiento del país y un compromiso de Carbono neutralidad al 2050 que debe ser trasformado en planes de acción concretos. Estos planes deben comprometer a la sociedad en la promoción de un sistema económico que valore la naturaleza, como también en el cumplimiento de las leyes vigentes. A través del recientemente creado Consejo Económico y Social se debe promover un real desarrollo sostenible, ya que si el mismo no es sostenible, es solo una trasferencia de recursos económicos que no considera los impactos ambientales y sociales negativos que de esa transacción pueden devenir.

A pesar de que la salud del planeta encendió todas las alarmas y el panorama pareciera sombrío, no es así: el cambio está en nuestro poder de acción, las personas cada vez valoran más la naturaleza por su valor intrínseco y por los servicios que nos proporciona. Hay mucho optimismo en relación a nuestra capacidad para modificar el rumbo que venimos llevando y el planeta nos ha demostrado su capacidad de recuperación; la conservación de la naturaleza ha pasado de ser un deber moral a ser un imperativo existencial para la humanidad, crucial para nuestro bienestar.

No debería hacer falta una pandemia para recordarnos que somos parte de la naturaleza y no podemos separamos de ella. No reconocer esta relación, ni tomar medidas decisivas y urgentes para revertir la pérdida de la naturaleza y las consecuencias negativas de nuestras formas de consumir pone en riesgo el futuro de la humanidad. Como sociedad, hemos empezado a reconocer los riesgos que nos plantea el daño ambiental que provocamos. Conocemos los problemas y las soluciones, llegó el momento de convertir esta nueva conciencia en acción: somos, tal vez, la última generación en poder hacerlo.

(Publicado en La Nación)
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