Día Internacional de la Diversidad Biológica: conservación, protección y restauración.



Publicado: 22 May 2021
©

Por Fernando Miñarro, Director de Conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina

El Convenio de Diversidad Biológica (CDB) emerge como uno de los acuerdos para lograr el desarrollo sustentable luego de la Cumbre de Río de 1992 y es el primero en plantear que la diversidad biológica es una preocupación común de la humanidad y una parte integral del proceso de desarrollo. Está conformado por 196 países y entró en vigor en 1993, con 3 objetivos bien concretosconservar la diversidad biológica, el uso sustentable de los componentes de la diversidad y distribuir los beneficios del uso de los recursos genéticos de manera justa y equitativa.  

Más de una década despuésen 2010, se adoptó el Plan Estratégico Para la Diversidad Biológica (2011-2020), conocido por instaurar las 20 Metas Aichi a 2020 y tener una visión a 2050 de lograr el objetivo de vivir en armonía con la naturaleza. A partir de este plan, cada país miembro debía realizar su Estrategia Nacional de Biodiversidad (ENB) y sus correspondientes Planes de Acción de manera tal de contribuir a las 20 Metas Aichi. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que la crisis de la naturaleza y sus consecuencias se aceleraron. Según el Informe Planeta Vivo 2020 de WWF , entre 1970 y 2016 las poblaciones mundiales de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces sufrieron una disminución promedio del 68% debido a la destrucción ambiental por las actividades humanas. En América Latina el resultado es aún más impactante: la reducción, en promedio, fue del 94%.  Además, el informe IPBES,-elaborado por la comunidad científica global- concluye que la pérdida de biodiversidad y sus consecuencias se aceleraron, mientras que el informe La Perspectiva Mundial Sobre la Diversidad Biológica 5 (CDB),  expone que el conjunto de países no ha logrado cumplir plenamente con ninguna de las metas de Aichi. 

El motor más relevante de la pérdida de biodiversidad es el cambio de uso de suelo, principalmente la conversión de hábitats naturales en sistemas agrícolas y ganaderos, así como también la sobrepesca en gran parte de los océanos. Se necesita un cambio transformador urgente en nuestros patrones de producción y consumo, en especial en  lo que refiere a los alimentos, pero también en otros sectores socioeconómicos, como la silvicultura, las infraestructuras y la energía, las actividades extractivas e industriales y el sector financiero.  

Desde 2019 y atravesada por la pandemia, el CDB viene coordinando esfuerzos para alcanzar un Marco Global sobre Biodiversidad posterior a 2020. El año pasado, dada la magnitud de la crisis ambiental,  los jefes de estado de 84 países de todas las regiones del mundo y el residente de la Comisión Europea se comprometieron, por medio del Compromiso de los Líderes por la Naturaleza, a revertir la pérdida de biodiversidad para 2030. Así, lanzaron un mensaje colectivo para alentar la ambición global y animar a otros, como la Argentina, a asumir compromisos con la naturaleza, el clima y las personas. 

Argentina ratificó la CBD en 1994 (Ley 24.375) y presentó su Estrategia Nacional de Biodiversidad  2011 -2020 (ENB) y el 5to reporte de avances para la COP (2015); y hoy se encuentra trabajando en la actualización de su ENB. Pero aún adeuda una ley de presupuestos mínimos de biodiversidad que promueva la protección de la diversidad biológica y que establezca estándares para conservarla a través de su protecciónrestauración y un uso sostenible. Apenas contamos normativas dispersas como son la Ley de Fauna que ya cuenta con 40 años y no rige en todas las provincias por ser de adhesión al ser previa a la reforma de la Constitución Nacional y la Ley de Bosques. 

En el Día Internacional de la Diversidad Biológica, desde Fundación Vida Silvestre Argentina seguimos abogando por un marco más ambicioso que no sólo frene la pérdida de la biodiversidad, sino que se encamine su recuperación a 2030. Para ello se necesitan metas ambiciosas, se requiere la movilización de recursos financieros a la altura de las exigencias y contemplando las capacidades de cada país, y se necesitan incorporar acciones que hagan frente a las causantes de la pérdida de la biodiversidad, como por ejemplo los sistemas de producción alimentarios. 

Entramos en la década de la implementación y el mayor desafío es transformar los compromisos asumidos en acciones concretas, tangibles y medibles. Esto nos permitirá alcanzar los efectos esperados antes de que las consecuencias sean muy graves y, en algunos casos, sin vuelta atrás.