Argentina tiene una oportunidad única de lograr cadenas de suministros libres de deforestación y conversión



Publicado: 13 July 2021
Gran Chaco
© Yawar Films
Fundación Vida Silvestre Argentina llevó adelante estudios sobre la factibilidad de implementar un sistema de trazabilidad en la cadena de suministro de productos agrícolas para revertir los impactos ambientales negativos y compatibilizar producción y conservación.

Julio 2021- Un estudio llevado a cabo por Fundación Vida Silvestre Argentina, en conjunto con WWF, explora la posibilidad de que todas las exportaciones de la cadena de suministro de productos de carne vacuna de Argentina estén libres de deforestación y conversión de ecosistemas (Deforestation and Conversion Free o DCF por sus siglas en inglés), frenando así los impactos ambientales dañinos y transformando el mercado mundial de carne vacuna. A través de un modelo innovador que permite reducir la deforestación y la conversión de ecosistemas críticos, se puede mejorar la resiliencia económica y ambiental al mismo tiempo que se posibilitan beneficios para el gobierno, las empresas, los productores y el medio ambiente.

Durante los últimos dos años, la Fundación Vida Silvestre Argentina y WWF han estado explorando un modelo con el potencial de alterar los mercados y revolucionar las estrategias de impacto climático y pérdida de biodiversidad.

Impulsores de la presión sobre los ecosistemas
El aumento de la población mundial conduce a un mayor consumo y demanda de alimentos, lo que da lugar a la expansión de la agricultura comercial y la ganadería intensiva.  Estos factores ejercen una fuerte presión sobre los recursos naturales a nivel mundial, especialmente los bosques y otros ecosistemas naturales.

El incremento del consumo y la demanda de alimentos a nivel mundial fomenta la expansión o la intensificación de la agricultura en diferentes regiones –como en Latinoamérica-, lo que suele llevar a un aumento en la deforestación y conversión de ambientes naturales. Se estima que alrededor del 80% de la deforestación mundial está impulsada por la expansión agrícola, vinculada a la demanda mundial de productos como el aceite de palma, la soja o la carne.
 
Además, la actual crisis de la biodiversidad también está relacionada con el cambio de uso de la tierra: las especies silvestres se encuentran en peligro por la destrucción de su hábitat provocada por el avance la agricultura. Esto también fomenta la aparición de nuevas enfermedades, ya que se modifican las dinámicas de los ecosistemas y se fomenta un mayor acercamiento entre virus y bacterias con el ganado y las personas.
 
El rol de los mercados mundiales
Varios informes recientemente publicados por WWF, muestran una clara relación entre el consumo de los países europeos -especialmente de soja y carne vacuna- y varios de los principales Frentes de Deforestación identificados mundialmente, incluyendo el Cerrado y el Amazonas en Brasil y el Gran Chaco en Argentina y Paraguay. Los informes muestran cómo el consumo de productos agrícolas en el Reino Unido y en la Unión Europea (EU) están contribuyendo a la destrucción de bosques y otros ecosistemas naturales, incluidos pastizales y humedales e impactando de manera negativa sobre las comunidades locales.
 
En las últimas dos décadas, la producción de soja y carne vacuna han sido los principales impulsores de la deforestación en la región chaqueña, y las proyecciones muestran que la producción de estos commodities continuará impulsando la deforestación en la región. A pesar de la creciente atención de los medios de comunicación en las proteínas de origen vegetal, la demanda de carne vacuna ha aumentado constantemente en todo el mundo, impulsada por el aumento de los ingresos en Asia-Pacífico, así como en Oriente Medio y África. Entre 2015 y 2020, el consumo mundial de carne vacuna aumentó un 7% debido al aumento de los ingresos en China y otros países en desarrollo, así como al crecimiento de la población mundial. En el 2020 el 75% de las exportaciones de carne vacuna de Argentina fueron a China y dado el impacto a largo plazo de las enfermedades porcinas y avícolas en China, esto una tendencia que podría continuar durante diez años o más.
 
Sistemas de trazabilidad para reducir el impacto ambiental 
Uno de los grandes desafíos de los países es resolver el conflicto entre la producción de alimentos y la conservación de la naturaleza, y lograr obtener información actualizada y confiable de los ecosistemas y las cadenas productivas. Información que permita al consumidor diferenciar entre productos provenientes de un manejo sustentable de los recursos naturales y aquellos que provienen de sistemas de producción con alto impacto ambiental. En los últimos años, varias de las grandes multinacionales que compran productos y materia prima proveniente de zonas amenazadas por la deforestación y conversión han empezado a analizar sus cadenas de suministro, para evaluar el riesgo ambiental y social de sus proveedores. Muchas de ellas ya han hecho públicas sus políticas de suministro y están llevando acciones en territorio para minimizar y monitorear estos riesgos. Actualmente, se están llevando a cabo consultas públicas sobre posibles legislaciones en países compradores (como Reino Unido y Unión Europea) para impedir que los productos vinculados a la deforestación y la conversión lleguen a los mercados europeos.
 
Sin embargo, para poder asegurar esto, hace falta un sistema de trazabilidad efectivo y confiable, que combine información sobre el sistema de producción y el ecosistema donde se desarrolla.  A su vez, para que estas restricciones puedan ser realmente respetadas sin un impacto negativo socioeconómico a los sectores más vulnerables de los países en desarrollo y, a su vez, monitoreadas por parte de las autoridades de aplicación correspondientes, es necesaria la cooperación bilateral para apoyar técnica y financieramente el proceso de transformación productiva necesaria, que impacte en los sistemas de mercado y financiamiento.
 
Con este panorama, Fundación Vida Silvestre y Génesis realizaron un estudio sobre la factibilidad de que Argentina cuente con un sistema de trazabilidad que contemple el impacto ambiental de la producción agrícola. La trazabilidad refiere a los procedimientos llevados a cabo para la identificación y el registro de los datos relacionados con un producto determinado a lo largo de las cadenas de producción, industrialización y distribución. Mediante estos procesos, es posible rastrear el camino seguido por un producto comercial desde su origen hasta su destino final y también identificar los impactos sociales y ambientales de toda la cadena de suministros. Esto puede mejorar la comprensión de los impulsores locales de la deforestación y la conversión y ayudar a diseñar respuestas más eficaces.  
 
El sistema de trazabilidad existente en la industria alimentaria en Argentina apunta sobre todo a la regulación del uso de agroquímicos y productos veterinarios. Sin embargo, ante los cambios en los pedidos de los compradores (ya sean empresas, países o consumidores) resulta necesario sumar la trazabilidad ambiental a los productos para asegurar que el sistema es libre deforestación y conversión de ambientes naturales: es decir, que no se hayan realizado desmontes ni se hayan transformado áreas naturales en ninguna de las etapas del proceso de producción, industrialización y distribución.
 
“Las nuevas tendencias en materia de consumo responsable presentan nuevos escenarios que empujan a los productores, las grandes empresas y marcas globales a incluir en sus prácticas nuevos lineamientos en materia de sustentabilidad. Existe una oportunidad única de colocar a los sistemas productivos argentinos en una posición de ventaja, a través de la definición de estándares de sustentabilidad en las cadenas de valor de la soja y la carne vacuna. La trazabilidad es una herramienta fundamental para responder a las crecientes exigencias de los consumidores respecto a la seguridad y calidad de los alimentos, agregando valor a los productos comercializados que minimizan los impactos sociales y ambientales” afirma Manuel Jaramillo, Director General de Fundación Vida Silvestre Argentina.
 
Dado que muchos de los productos agrícolas que impulsan la deforestación y la conversión de ecosistemas, como la soja principalmente, se comercializan internacionalmente, el problema no es solo responsabilidad de los países productores, sino también de los países importadores que deben tomar medidas. Las normativas de los países productores no son suficientes para proteger los ecosistemas naturales: incluso con compromisos de deforestación ilegal cero, más de 7 millones de hectáreas en la región chaqueña argentina podrían ser deforestadas legalmente. Esto hace que las medidas del lado de la demanda en los países consumidores sean aún más importantes. Sin embargo, esto no debería llevar a un doble estándar, ya que los consumidores locales también deberían poder elegir productos producidos de manera sustentable.
 
“Argentina es uno de los pocos países que puede contar con sistemas confiables de monitoreo de las cadenas de suministro, que contribuyan eficazmente a la conservación de los bosques y ecosistemas naturales, que permitan el posicionamiento de nuestros productos con atributos diferenciales en materia de sustentabilidad, y que respondan satisfactoriamente a las demandas y limitaciones comerciales, tanto locales como internacionales” agrega Jaramillo.
 
La legislación y las políticas y compromisos de mercado deben evitar centrarse exclusivamente en un único bioma o producto, sino tener en cuenta los paisajes en riesgo de ser transformados, y la pérdida de servicios ecosistémicos, incluyendo esos que son claves para su propio funcionamiento y el sistema de producción. Se necesitan enfoques integrados en todas las regiones y sectores para lograr cadenas de suministro libres de deforestación y conversión que protejan los ambientes y eviten el desplazamiento de impactos negativos hacia otros ecosistemas. Un enfoque limitado sólo a la deforestación ignora el problema de la conversión en otros ecosistemas, como los pastizales, las sabanas y los humedales, que también tienen una biodiversidad extremadamente rica y proporcionan servicios vitales a toda la población. Los enfoques integrados pueden ayudar a optimizar o restaurar la producción en tierras ya convertidas o degradadas y evitar la expansión a los ecosistemas naturales remanentes, especialmente aquellos que están muy amenazados, como los relictos de pastizales en la zona pampeana, donde ya se transformó el 78% del ecosistema natural.
 
La deforestación y la destrucción de ecosistemas naturales como bosques, pastizales, sabanas y humedales, ponen en riesgo la salud de las personas y el planeta. Se necesitan acciones urgentes a todos los niveles para detener esta destrucción, desde los formuladores de políticas y tomadores de decisión hasta las empresas y los consumidores, tanto local como globalmente.