Cuando preguntar es responderse | Fundación Vida Silvestre Argentina

Cuando preguntar es responderse



Publicado: 28 June 2018   |  
Visa Silvestre
© Vida Silvestre
Por Martín Font, Director de Comunicación y Educación Ambiental de Vida Silvestre.

En muchas oportunidades hemos hablado del informe Planeta Vivo publicado por la Organización Mundial de Conservación donde se afirma que necesitamos la capacidad de 1,6 planetas para satisfacer los recursos  ecológicos que usamos cada año... Pero ¿qué decimos cuando mencionamos este dato?
Hay distintas formas de pensarlo.

Imaginemos, por ejemplo, una familia que tiene 100 pesos por día para gastar pero gasta 160. ¿Cuánto tiempo puede sostener con ese gasto? ¿Cuánto falta para que se tenga que declarar en bancarrota?
Con nuestro planeta estamos haciendo exactamente eso: puede producir una cantidad finita de recursos naturales por año pero nosotros no sólo consumimos eso, sino que consumimos un 60% más. 

El 2 de agosto tuvo lugar el llamado Día del Exceso de la Tierra. Esto significa que, para esa fecha, la humanidad ha consumido (desde el 1° de enero) la totalidad de los recursos que el planeta puede renovar en un año. En definitiva, estaremos viviendo a crédito hasta el 31 de diciembre. Y esta fecha se adelanta cada vez más en el calendario. En 2013, por ejemplo, fue el 20 de agosto. 

El costo de este sobreconsumo ya es visible: escasez de agua, desertificación, erosión de los suelos, caída de la productividad agrícola y de las reservas de peces, deforestación, desaparición de especies, etc., etc., etc. Vivir a crédito no puede ser una lógica lógica sostenible en el tiempo. La naturaleza no cuenta con un yacimiento del que podamos proveernos indefinidamentey, para ser honestos, bastante hace ya por nosotros.

Hay ejemplos obscenos en este sentido. ¿Uno? Producimos muchísima más comida que la que podemos consumir. Estudios recientes demuestran que cerca del 40% del total de la comida que generamos acaba en la basura. Se estima que, si la comida desechada fuera un país, sería el tercer mayor emisor de CO2 del mundo, sólo superado por China y Estados Unidos. Y no estamos hablando de la producción de alimentos en general, sino sólo de los alimentos desechados. 

Y no debemos irnos tan lejos para encontrar más ejemplos. En la Ciudad de Buenos Aires, según estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2016 se desperdiciaron 9.500 toneladas de alimento, alcanzando así -en términos económicos- un monto cercano al 2,5% del PBI, es decir unos 11.875 millones de dólares. Esta situación no sólo resulta injusta con el planeta Es inmoral, es falta de ética y de solidaridad con nosotros mismos. Y no solo se aplica a los alimentos. Tomemos el caso de los plásticos: desde 1950 a la actualidad, se produjeron entre 8.300 y 9.000 millones de toneladas de plástico de
las cuales solo 2.000 millones se encuentran hoy  en uso.

¿Y el resto? Disperso alrededor del globo como basura. Y otro dato para pensar: en las últimas tres décadas, al menos la mitad del plástico desechado se había utilizado una sola vez. ¿Una sola vez?
¿En serio?
Sí.

Frente a estos números es obvia la necesidad de reciclar. Pero hay algunas preguntas previas que no podemos seguir sin hacernos: ¿Realmente eso que estoy adquiriendo tiene sentido? Y si lo tiene, ¿Puedo tenerlo de alguna manera menos dañina? ¿Tiene sentido el impacto que genera ese vaso de café que voy a ir tomando por la calle y que irá a la basura apenas lo termine? ¿Y si me siento 5 minutos a tomarlo en una linda taza de cerámica que se puede lavar y reutilizar cientos de veces?
En estas preguntas están las respuestas. 
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