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Agro y Ambiente - Posición de la Fundación Vida Silvestre Argentina

Para 2050, se estima un incremento de la población mundial superior a las 2.000 millones de personas que habrá que alimentar a través de mayor producción de alimentos y de una efectiva capacidad de superar la desigualdad de acceso a los mismos. Pero la producción de alimentos es al mismo tiempo uno de los grandes contribuyentes a la emisión de gases con efecto invernadero (GEI), uno de los principales causantes de la pérdida de ecosistemas y sus servicios ambientales. Ambos efectos reducen a su vez la capacidad de los ecosistemas para producir biomasa, y constituyen por lo tanto una seria amenaza a la seguridad alimentaria global.

Para 2050, se estima un incremento de la población mundial superior a las 2.000 millones de personas que habrá que alimentar a través de mayor producción de alimentos y de una efectiva capacidad de superar la desigualdad de acceso a los mismos. Pero la producción de alimentos es al mismo tiempo uno de los grandes contribuyentes a la emisión de gases con efecto invernadero (GEI), uno de los principales causantes de la pérdida de ecosistemas y sus servicios ambientales. Ambos efectos reducen a su vez la capacidad de los ecosistemas para producir biomasa, y constituyen por lo tanto una seria amenaza a la seguridad alimentaria global.

El Informe Planeta Vivo 2020 de WWF, señala de manera contundente que la región de Latinoamérica y el Caribe presenta la mayor pérdida de poblaciones de animales vertebrados entre 1970 y 2016, con una disminución promedio del 94% en el escaso y alarmante periodo de una vida humana. El motor más relevante de esta pérdida de biodiversidad es la producción de alimentos que provoca el cambio de uso y degradación del suelo convirtiendo hábitats nativos prístinos (como bosques y pastizales) en sistemas agropecuarios.

En este contexto, la forma en que venimos produciendo alimentos a gran escala debe revisarse para lograr un real desarrollo sustentable compatible con la alimentación de una población global que crece y con el mantenimiento de los servicios que brindan los ecosistemas. La pérdida de biodiversidad amenaza también la seguridad alimentaria por lo que las acciones para transformar nuestro sistema alimentario mundial se vuelven prioritarias.

La población mundial, cada vez más concientizada e informada, genera nuevas sensibilidades y reclama acciones concretas sobre temas relacionados a la forma en la que producimos alimentos, como también el bienestar animal, la deforestación, el trabajo infantil, el uso de agroquímicos, entre otros. En los últimos años se ha sumado en este debate la composición de las dietas, cuestionando desde diferentes enfoques la sustentabilidad de la producción y consumo de proteínas de origen animal.

Si bien los sistemas alimentarios actuales producen lo suficiente para alimentar a todos en el mundo, alrededor de la mitad se produce a expensas del planeta. Es clave que las dietas se basen en el planeta para garantizar alimentos saludables y nutritivos y de esta forma ayudar a revertir la curva de los impactos negativos del sistema alimentario, pasando de uno que explota al planeta a uno que lo restaura para la naturaleza y las personas.

La Argentina tiene un rol preponderante en el sistema alimentario global, y como tal tenemos la responsabilidad de estar al frente de los desafíos que plantea este escenario. En este documento, la Fundación Vida Silvestre Argentina contribuye a este debate analizando los diferentes elementos en discusión y proponiendo caminos hacia la sustentabilidad en la producción de alimentos que detengan la conversión y reviertan la degradación de los ecosistemas.

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